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Agosto 2004

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
Ciencia Ficción y linguística: Los lenguajes de Pao

En 2004, Jacke Vance cumple 88 años, muchos de ellos dedicados a la creación de universos en los que cientos de costumbres, de lenguajes y de personajes cohabitan y se confrontan para dar vida a una de las producciones más emocionantes de la ciencia ficción norteamericana.
En Vance destaca, por encima de cualquier otra cualidad, esa imaginación prodigiosa que le ha permitido tanto concebir mundos sorprendentes y detalladamente verosímiles como describir aventuras vertiginosas que desbordan en acción, intriga y pasión y en las que los personajes principales, ya sea Cugel de La saga de la tierra moribunda, Beran Panasper de Los lenguajes de Pao o Gastel Etzwane de la Trilogía de Durdane, sobresalen por su habilidad para encarar la adversidad y sacarle el mayor provecho. Y es que no cabe duda de que con cada una de sus aventuras, estos héroes logran transformase en el alter ego de los lectores que, página tras página, descubren en ellos un cúmulo de virtudes envidiables.

Cierto es que la bibliografía de Vance es extensa y, como suele suceder en estos casos, de calidad un tanto desigual. Se pueden encontrar genialidades como las series de Alastor y Los príncipes demonio, auténticas novelas negras que pese a tener lugar en escenarios y tiempos distantes, remiten a quien las lee a las obras de género policiaco escritas por el propio Vance en los años cincuenta y sesenta bajo los seudónimos de Alan Wade, Peter Held y, el más famoso de todos, Ellery Queen. Del mismo modo, posee libros poco afortunados, tal es el caso de Maske: Atería, obra que, en definitiva, carece de la tensión dramática, la coherencia interna y el suspense habituales en él.
 
Si bien Vance empezó a publicar historias de ciencia ficción desde 1945, sus novelas vieron la luz una década más tarde, siendo Los lenguajes de Pao una de las primeras. En ella, Vance retoma dos temas añejos, y muy discutidos en su momento, como son el del " buen salvaje" de Jacobo Rousseau (siglo XVIII) y el de la supuesta lucha entre la cultura y la civilización (siglo XIX), para concebir una historia sobre un mundo idílico cuya peculiaridad es la inmovilidad de sus estructuras políticas, religiosas, sociales y culturales. Así, la trama gira en torno a los esfuerzos de magos, políticos y traductores para acabar con esta parálisis y transformar a Pao en un planeta moderno, objetivo que sólo se logrará gracias a la enseñanza de lenguas nuevas (bravante, cogitante y tecnicante) que permitan a la población desarrollar habilidades vinculadas con tres actividades importantes: la guerra, el comercio y la industria. El libro culmina con una duda inquietante: ¿Realmente los cambios lingüísticos beneficiaron a Pao y a sus habitantes?

En el conjunto de la producción de Vance, y sin ser uno de sus libros más logrados, Los lenguajes de Pao reviste una especial importancia por dos razones. La primera es que su publicación en Estados Unidos marcó el rompimiento del autor con la ciencia ficción tradicional y el nacimiento de las epopeyas atemporales en donde la ciencia, a veces mezclada con la magia, y la astucia se constituyen en pilares narrativos 
La segunda se relaciona con la idea central del texto: el lenguaje como condicionante de la sociedad. Es precisamente por ello que Los lenguajes de Pao trascendió al ser una de las primeras novelas del género que se adentró en el mundo de la sociolingüística.
Mucho se ha hablado al respecto y no son pocos quienes, con el tiempo, le han querido restar valía al libro por haberse demostrado que su premisa, a pesar de ser interesante y seductora, no se puede aplicar en las sociedades actuales. Sin embargo, ello no debe ser causa para desacreditar la obra pues, habrá que recordar, que ningún autor se puede marginar de su tiempo y de sus circunstancias y que, en adición, un libro de ciencia ficción es un texto sobre el futuro que se escribe para ser leído en el presente y que hay tantos presentes como lectores y contextos existen.
En consecuencia, el propósito de estas líneas no es otro más que el de mostrar algunas de las fuentes en las que Jack Vance se inspiró para abordar en Los lenguajes de Pao el tema de la importancia social que posee el idioma.

La primera edición del libro apareció en 1958, época en la que un número considerable de filólogos, particularmente estadounidenses, se dieron a la tarea de investigar el impacto que ejerce la lingüística en la vida cotidiana de los seres humanos. El esfuerzo no era nuevo, pues en 1929 el antropólogo y lingüista Edward Sapir y su alumno, el ingeniero químico James Lee Whorf, formularon la hipótesis Sapir-Whorf o Principio del determinismo lingüístico, en la que sostenían que todos los pensamientos teóricos se fundamentan en el lenguaje y se encuentran condicionados por éste; es decir, la lengua determina la forma cómo un grupo piensa, se conduce y comprende su entorno. Del mismo modo, aseveraban que en cada lengua existen ciertos pensamientos propios que resultan incomprensibles para quienes hablan otras y, en consecuencia, no pueden ser traducidos. Con los años, la hipótesis derivó en una versión radical que afirmaba con contundencia que no existe diferencia alguna entre el lenguaje y el pensamiento dada la influencia que ejerce el primero sobre el segundo.
El Principio del determinismo lingüístico se popularizó en Estados Unidos al inicio de los años cincuenta a raíz de la publicación de los escritos póstumos de Whorf y de la creación, en 1955, del lenguaje Logical Language (Lenguaje Lógico), que derivaría en el actual "Lojban". Su creador, el Dr. James Cooke Brown, quiso comprobar el principio citado a través del desarrollo de una lengua lógica, expresiva, flexible y libre de toda connotación cultural que favoreciera el progreso del pensamiento humano y, a la vez, facilitara tanto la traducción automática entre lenguas naturales como la comunicación de los hombres con las máquinas. 

Así, resulta evidente que los trabajos de Cook, Sapir y Whorf ejercieron influencia en Vance pues, por ejemplo, en Los lenguajes de Pao plantea la necesidad de modificar la mente dócil y pasiva del pueblo paonés a través de un cambio radical de su lenguaje, por naturaleza, pasivo y desapasionado. Es, en ese sentido, que las palabras son en realidad herramientas cuyo uso está determinado por el idioma.
Cuando el texto es confrontado con su contexto es posible encontrar puntos de convergencia entre Vance y James Cooke, dado que ambos conciben lenguajes capaces de transformar la sociedad; idiomas que, a su vez, emergen de los existentes pero con una fonética, una morfología y una sintaxis propias, y que poseen una finalidad, a todas luces, práctica. En ellos la praxis desplaza a la estética y la razón al sentimiento. 
Asimismo, coinciden en señalar que la labor de los lingüistas ha de ser fundamental para el desarrollo de los pueblos. Ellos serán los promotores del cambio y los transformadores del pensamiento humano por tener, en sus manos, los nuevos mecanismos sociales que determinarán el futuro del hombre.
Aunque el Relativismo lingüístico y el Loglan están presentes en la obra y le dan, precisamente, ese giro tan peculiar, es necesario destacar la existencia de algunas rupturas. Contrario a lo propuesto por Sapir-Whorf, los idiomas de Pao pueden traducirse gracias a su riqueza lingüística y porque comparten un sostén semántico que permite que la frase "un hombre de éxito" sea sinónimo de "vencedor en una contienda feroz" para los militares, "fabricante eficiente" para los industriales y "persona irresistiblemente persuasiva" para los comerciantes.
Vance también establece que las lenguas nuevas tendrán pocos vínculos con el paonés dada su escasa utilidad en un mundo en el que la inercia se transforma en actividad y en donde la historia y las raíces, lejos de ser motivos de orgullo, son vistas como lastres. Por ello, en el cambio lingüístico subyace, como condición necesaria, el rompimiento con el pasado y con las tradiciones, un proceso de aculturación parecido al que vivieron los pueblos americanos en la conquista española. 

Del mismo modo, discrepa con Cook respecto a la posibilidad de crear un lenguaje libre de toda connotación cultural, al asumir que todo idioma no es neutral e impone un determinado punto de vista. A ello se debe añadir el hecho de que las ideas que se gestan en una sociedad son susceptibles de transformarse en el largo plazo gracias a los cambios que, día a día, tienen lugar en los ámbitos que conforman la vida cotidiana.
Es de este modo como Los lenguajes de Pao es una obra que no sólo da cuenta de la humanidad en un futuro lejano, también brinda una visión sobre Estados Unidos en la década de los años cincuenta y, en particular, de sus preocupaciones e intereses que, si bien no han sido abordadas en la totalidad de estas líneas, bien podrían ser motivo de ensayos futuros.
Tal vez este ejercicio parezca contradictorio si se considera a la historia y a la ciencia ficción como mundos disímiles en los que mientras que la primera se preocupa por reconstruir el pasado, la segunda está deseosa de imaginar el porvenir. Pese a ello, existe un momento especial en el que ambas se encuentran: cuando el autor se sienta frente a la máquina para escribir. Entonces, el pasado, como circunstancia y legado, se une al futuro, como crítica o ilusión, para dar vida a uno de los géneros literarios más apasionantes que existe: la ciencia ficción.

© Iñigo Fernández; 11-07-04

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